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jueves, 6 de octubre de 2011

Intentó guardar la vida entera y se olvidó de vivirla

Ella llevaba su cámara de video a todas partes. Filmaba el caer de las hojas en otoño y el de la nieve en invierno. Guardaba en su cámara sonrias, pestañeos, guiños y otros sentimientos. Guardaba a sus familiares y amigos, a transeúntes de la calle y a bebedores en los bares, a aquellos que ya no estaban y a los que todavía no había conocido.
Cámara en mano recuerdo verla recorriendo la ciudad, deteniendose en el parpadeo de una farola antes de encenderse o en el revoloteo de un insecto ante un cuello perfumado. Andaba, y se grababa los pies mientras lo hacía, asegurando que la sabiduría que ganaba a cada paso se transmitía en sus imágenes. Todo, todo estaba encerrado en una secuencia infinita de grabaciones. El vapor de agua en el espejo del baño y mi mano escribiendo en él "te quiero", los fogones de la cocina y el pitido de la olla. Todo empezó cuando, siendo muy pequeña, dejó una cámara encendida frente a su ventana. Allí se quedó olvidada hasta que las baterías se agotaron. Cuando fue a borrar el largo video que había quedado grabado, se dió cuenta de que mostraba la formación del rocío sobre las plantas del alféizar. Le ha marcado siempre este primer descubrimiento, el darse cuenta de que las gotas no las ponía un duende cada mañana, y que lo mismo sucedía con las telas de araña o el florecer de una rosa, todo sucedía lenta y mágicamente, a un ritmo que provenía de lo más profundo de la tierra. Conmovida, se propuso guardarlo todo en su vieja cámara.

Sin embargo, una vez grabados, nunca había vuelto a ver sus videos. Todas sus cintas permanecían en perfecto desorden en algún punto de la casa..
Es ahora cuando empieza a verlas. Dice que el mundo está demasiado acelerado para vivirlo tranquila. Que no le da tiempo a agarrarse a esta modernidad que lo invade todo, que se pierde y no disfruta. Ya nadie tiene tiempo ni paciencia para observar el caminar de una hormiga o el nacer de un pájaro en su cascarón. Todo son imágenes aceleradas. También de cómo se forma el rocío. Pero ninguna es como la suya, ninguna muestra el ritmo profundo de la tierra, sino el de un acelerado humano que pretende verlo todo sin dedicar para ello el tiempo necesario.
Ahora que se siente una extraña en esta época, dedica su tiempo a ver las grabaciones. Estos días ha estado viendo nacer una mariposa. Ayer salió por fin de su crisálida...



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miércoles, 6 de julio de 2011

Cortó en un momento su pelo y su niñez

Ella siempre había tenido el cabello largo y oscuro. Apenas si se peinaba con los dedos los mechones enredados y éste caía en cascada por su espalda formando ondas y bucles de reflejos caoba. Pero eso era antes. Un día apareció con la cabeza rapada, sin dar ninguna explicación.

Sus rasgos se volvieron así más afilados y su gesto más salvaje y desafiante. Ya no tenía esas mejillas dulces ni esa cara tan tierna. Recuerdo que intenté preguntarle el por qué. Recuerdo su respuesta "Intentaba que dejases de pensar en mi como una niña". Al principio no supe  [o no quise] ver lo que me decía, pero más adelante y ante el rojo provocador de sus labios y los hoyuelos de sus pómulos vi que ya no quería que la protegiese, sino que la pusiese en peligro. No quería que pensara en ella como se hace con una niña, sino como se hace con una mujer.


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domingo, 5 de junio de 2011

Tristeza, olvido y sal

Y acababa todos los días derrumbada en una playa solitaria. Y es que cuando no se tiene más compañía que el dolor ni más luz que las estrellas, el único sitio que no cierra es el mar...


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martes, 10 de agosto de 2010

Noches de verano

Sentada en una pequeña silla desvencijada observaba a mi abuelo en la noche. Reclinado en una vieja mecedora fumaba y bebía café, con gestos lentos, como si fumara las estrellas y bebiera la noche.
Aún con la taza en la mano entró en casa, olvidando su tabaco. Me acerqué y encendí un cigarrillo, tosiendo como una viejecita, fumandome la vida bajo las estrellas de verano.

jueves, 10 de junio de 2010

Sarna con gusto...

Y te empeñaste en quererla. Todavía no sé muy bien porqué. Quizá fue su sonrisa, su mirada traviesa o la suavidad de su piel. Quizá fue su pelo rebelde, oscuro y lleno de enredos cual corazón abandonado. Quizá simplemente te guste sufrir...
Y te empeñaste en amarla. Con ese amor desinteresado, doloroso, con ese amor que le profesan las hojas secas al fuego. Amor que quema por dentro, que asfixia al no ser recompensado, ahogando tu alma en rencor.
Y aún así te mantuviste a su lado, queriéndola. Porque sus palabras nunca fueron tan duras como los días sin ella. Porque los inviernos pasaron más rápido a su lado. Porque, en realidad, ella necesitaba tu compañía y no sabía demostrarlo. Solo tú fuiste capaz de interpretarlo. Y te empeñaste en, a pesar de todo, quererla.

sábado, 10 de abril de 2010

Susurros

Todavía recuerdo ese día de verano, la calidez de tus palabras y el dulce tacto de tus labios, recuerdo los rayos de sol acariciándome la espalda, tus manos recorriendo mi cuerpo y tu suave aliento, susurrándome al oído que el peor enemigo es el olvido... He de reconocer que nunca lo he entendído, nunca podré olvidar lo que era estar contigo....



lunes, 5 de abril de 2010

Pérdidas


Perdóname. Fui una imbécil. Quizá lo sigo siendo. No supe mantenerte a mi lado, te aparté de mi camino con orgullo e indiferencia. Te alejé con mi silencio y me escondí de tus abrazos. Mi frustración era vano espejo de mis miedos. Miedo a ser débil y a sentirme insegura, a arriesgar demasiado y perderlo todo, a quedar destrozada. No sabía que ya todo lo había comprometido, que era algo que no podía controlar. Mi corazón se fue contigo dejándome vacía. Desaparecieron de mi boca palabras cariñosas. Mis labios secos y agrietados se llenaron de palabras vacías y silencio. Sólo quedaba rabia en mi interior. Rabia por perderte. Rabia por ser la única culpable. Rabia por no intentar evitarlo. Ahora la melancolía sustituye mi orgullo y puedo ver lo horrible de mi pérdida. Ahora solo me quedan recuerdos que se disipan cuando más los persigo. Ahora sigo aspirando fuertemente buscando en el aire tu aroma… y lo encuentro vacío…


Quizá algún día tu sonrisa desaparezca de mi pensamiento. Quizá algún día no recuerde la calidez de tu mirada ni la suavidad de tus labios. Quizá, y sólo quizá, consiga olvidarte.

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