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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Es esa sensación, ese todo

A veces es ése último trago de la taza de té, ése que te deja un dulzor que no tenía antes, cuando todavía quedaba un futuro. A veces es la chica que se maquilla en el asiento treinta y seis, a veces no, a veces se sienta en el cincuenta y dos y abre un libro, intentando leer y viendo sólo letras, abstraída y confusa. A veces es el punto de inflexión, a veces es la diferencia entre lo bueno y lo mejor.

No se puede definir de otra forma, no se puede atrapar con palabras algo que sólo percibe el estómago, que, rebelde, se revuelve a instantes cuando ella se acerca. Es esa sensación, ese todo. Ese último trozo de pastel que todos desean y todos dejan, o la sensación que te persigue cuando algo se te olvida, ese zumbido persistente en las pestañas...

A veces es, simplemente, un molesto "tí" con tilde que no te deja paz en el alma.


lunes, 12 de marzo de 2012

Lenguaje

Ella no sabía hablar ningún idioma. No tenía tampoco lengua materna ni paterna. Ella no había ido nunca a la escuela. Muchos la miraban por encima del hombro llamándole analfabeta y otros cultísimos sinónimos. Pese a todo, ella resultaba ser la pesona con la que era más fácil comunicarse, con la que nunca había malentendidos. Porque su sonrisa era universal. Porque ella hablaba en el lenguaje del corazón.

Si nos mueven los sentimientos y las palabras no son capaces de expresarlos -adecuadamente-, ¿para qué entonces seguimos estudiando tantas lenguas sin aprender antes a amar?


lunes, 6 de febrero de 2012

Incoherente dulzura

Ella se pasaba el día entero abrigada hasta el cuello con bufandas, gorros y lanas, pero con los pies descalzos. Sólo cuando iba a dormir se desnudaba por completo y, antes de desaparecer bajo la calidez de las sábanas, se enfundaba los pies con tres pares de calcetines a rayas.


Siempre le gustó llevar un poco la contraria

sábado, 4 de febrero de 2012

Madrugadas de amor y té

Lo del té no sé de dónde lo sacó, pero empezó a ser una tradición impuesta a las tres menos cuarto de la madrugada. No faltaban los detalles ni los sentimientos, y lo preparaba todo con mucha antelación. Varias horas antes se remangaba, se colocaba el mandil y comenzaba a amasar harina, batir huevos y derretir mantequilla. Mezclaba todo con mucho, muchísimo, cariño. Como quien acaricia a un pájaro herido, como quien besa a un niño. Horneaba galletas y bizcochos a un fuego suave, muy suave, como el soplo cálido de una hoguera en pleno invierno. 

Lenta, muy lentamente se cocían las galletas, y nosotros hacíamos el amor en la cocina. Nos quedábamos sentados frente al horno, yo acariciándole el pelo y quitándole con besos los restos de harina de sus mejillas. Y así, sin soltarme la mano, ella calentaba el agua en una tetera roja.

Entonces abría el horno con infinito amor y sacaba varias bandejas de acalorados sentimientos. Compartíamos el té, los dulces y los besos igual que compartíamos el sexo y el sudor. 

...la tetera burbujea en fa menor todas las noches a las tres menos cuarto de la madrugada.



 

miércoles, 11 de enero de 2012

Amante del desorden y los defectos

Y aunque seguía admirando la mirada de aquel chico, sus sentimientos cambiaron de repente, sin saber muy bien porqué. Quizá fue su habitación lo que la desagradó hasta tal punto, o su forma de presentarla; "perdona el desorden", cuando el único rastro de movimiento y vida se concentraba en el lápiz que descansaba sobre la mesa. Se respiraba de hecho una agobiante quietud en aquella habitación. Quizá fue eso lo que la espantó, esa sensación de estabilidad que emanaba de la estancia. Y no sólo de la estancia, él entero olía a equilibrio y permanencia. 
Puede sin embargo que fueran los libros de la estantería, que no eran más que aquellos que mandan en la escuela y algún que otro tomo viejo de la universidad. Y sí, como decirlo, le molestó que ninguna camiseta andara tirada por el suelo, que no hubiera arrugas en su colcha ni CDs esparcidos sobre la mesa. Era asombroso al mismo tiempo; nunca había conocido a nadie que tuviera ordenada hasta la papelera. Quién sabe, quizá no hay que buscar tantos detalles, quizá fue sólo la mirada grave que puso mientras ella observaba la habitación, en la que parecía querer ofrecerle esas [odiosas] cuatro paredes. 

Es difícil saberlo. El caso es que ella sintió que algo se apagaba dentro de su pecho y, aunque esa tarde siguió sonriendo, su corazón comenzó a odiarle por no ser un poco más imperfecto.



viernes, 9 de diciembre de 2011

Las singularidades de esa chica extraña

Había pasta en todos y cada uno de los estantes de su casa. Ravioli, tortelini, fussili, ñoquis, macarrones, fideos, farfalle y otros nombres italianos tirando a impronunciables. Los visitantes, sorprendidos, pasaban la tarde abriendo y cerrando cajones, destapando cajas, descubriendo pasta y más pasta en los armarios y debajo de las camas. Pero únicamente él preguntó por qué entre toda esa variedad no había ni un sólo espagueti escondido en la casa. Nadie había notado antes esa falta. Por eso fue el único que llegó a conocer su secreto. Ella era una de esas chicas que no sabe enrollar los espaguetis en el tenedor, y se había vuelto experta en preparar fideos a la carbonara.

Y aunque él le enseñó a comer espaguetis,
terminando los dos como la dama y el vagabundo,
ella, a escondidas, siguió cocinando con fideos.
Porque ella no quería renunciar a nada
...Y él, que lo sabía, no podía renunciar a ella.





sábado, 19 de noviembre de 2011

Ella y su melena parda

Siempre andabas tú detrás de las ondas de su pelo. Sonriendo como hipnotizado. Quizá entonces ya no la querías, pero los reflejos oscuros de su flequillo te impedían alejarte. Sin embargo llegó el día en que no pudiste soportar esta contradicción y te marchaste. Ella prometió entonces no volver a cortarse el pelo, hasta que regresaras. Y así lo dejó crecer. No es que lo hiciera rápido, aunque tampoco lento, sino era mas bien como el ritmo constante e ininterrumpido del mar.

Al principio se lo recogía en grandes moños para evitar tropezar con él, pero llegó un momento en el que ni los moños aguantaban tanto pelo. Crecía sin parar y tú no venías.
Poco a poco se fueron enganchando en su cabello todas las cosas que conocía. Primero fueron las hojas de un temprano otoño, algunas nubes grises y los pájaros del barrio, que criaron en su cabeza durante la primavera. Luego fueron los rayos de sol los que se refugiaron en algún lugar detrás de su oreja. Y sus amigos y enemigos, y los vecinos, y el peluquero al que hacía tanto que no visitaba, todo quedó enraizado en su oscura melena. Y aunque a veces le da dolor de cabeza de tanto que pesa, siempre anda acompañada y llena de luz, con ese brillo especial de alegría, sol y estrellas.

Aunque esto lo hizo por que volvieras, ya ni se acuerda. Ahora tiene demasiadas cosas en la cabeza como para pensar en ti.





domingo, 6 de noviembre de 2011

Le sobraba amor e ingenuidad a partes iguales

Después de beber un gran chocolate caliente a pequeños sorbos, se maquillaba y vestía de gala. Lo mismo todas las mañanas. Se sentaba en el sofá con las piernas cruzadas, juntaba las manos en el regazo y esperaba. Esperaba. Esperaba. Te esperaba.
Cuando daba medianoche el reloj de la cocina, siete perlas saladas rodaban por sus mejillas. Una por cada año que llevaba esperando[te]. Se cenaba sus propias lágrimas y se cobijaba debajo de una ducha de agua fría. Y así, con el rimel formando negros surcos en sus pómulos, se iba a la cama.
Y si alguien cree que por fin descansaba, se equivoca. En sueños es cuando con más fuerza te aguardaba y te imaginaba.


Ya de niña resultó siempre muy crédula
pero se equivocó desde el principio...
En vez de creer en si misma,
quiso creer en príncipes y cuentos de hadas.
Quiso creer en ti, que no existes.


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domingo, 30 de octubre de 2011

Suicida sentimental

Aguó el té hasta volverlo transparente, más o menos el mismo cambio que habían sufrido sus ojos y sus labios, y que sufrirían meses después su pelo y sus manos...


No hizo caso a nadie. 
Siguió amando, sin mirar los espejos
en los que se iba difuminando su reflejo.
Desapareció, acabó absorbida
por ese agujero negro que eras tú.





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miércoles, 12 de octubre de 2011

Alcohol y sueños rotos

- Otro whisky doble, por favor- musitó dejando el vaso vacío en la barra.
El camarero la miró fijamente mientras abría la botella. No llevaba más de veinte minutos allí y ya había bebido por todos los alcoholicos del bar. Le brillaban los ojos a través del cabello revuelto, a través de las sombras oscuras de sus párpados. Llevaba un jersey demasiado grande para ser suyo, que dejaba a la vista unas escuálidas rodillas que no podía dejar de mirar... era la forma en que sus prietos muslos se perdían por debajo de la tela lo que tenía algo de salvaje y dulce al mismo tiempo.
Dejó caer el alcohol en el vaso. Antes de que ella estirara la mano para llevárselo a los labios él lo retuvo -Oye, si tu propósito esta noche es beber hasta perder la conciencia, antes deberías....-
-Eh, te he pedido que me sirvas, no que me psicoanalices ni me des consejos. Hace tiempo que dejé de ser una niña que necesita cuidado constante- interrumpió ella, lanzándole una mirada agresiva.
-... antes deberías pagar, son las normas del bar- continuó él sin poder evitar una media sonrisa.


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jueves, 6 de octubre de 2011

Intentó guardar la vida entera y se olvidó de vivirla

Ella llevaba su cámara de video a todas partes. Filmaba el caer de las hojas en otoño y el de la nieve en invierno. Guardaba en su cámara sonrias, pestañeos, guiños y otros sentimientos. Guardaba a sus familiares y amigos, a transeúntes de la calle y a bebedores en los bares, a aquellos que ya no estaban y a los que todavía no había conocido.
Cámara en mano recuerdo verla recorriendo la ciudad, deteniendose en el parpadeo de una farola antes de encenderse o en el revoloteo de un insecto ante un cuello perfumado. Andaba, y se grababa los pies mientras lo hacía, asegurando que la sabiduría que ganaba a cada paso se transmitía en sus imágenes. Todo, todo estaba encerrado en una secuencia infinita de grabaciones. El vapor de agua en el espejo del baño y mi mano escribiendo en él "te quiero", los fogones de la cocina y el pitido de la olla. Todo empezó cuando, siendo muy pequeña, dejó una cámara encendida frente a su ventana. Allí se quedó olvidada hasta que las baterías se agotaron. Cuando fue a borrar el largo video que había quedado grabado, se dió cuenta de que mostraba la formación del rocío sobre las plantas del alféizar. Le ha marcado siempre este primer descubrimiento, el darse cuenta de que las gotas no las ponía un duende cada mañana, y que lo mismo sucedía con las telas de araña o el florecer de una rosa, todo sucedía lenta y mágicamente, a un ritmo que provenía de lo más profundo de la tierra. Conmovida, se propuso guardarlo todo en su vieja cámara.

Sin embargo, una vez grabados, nunca había vuelto a ver sus videos. Todas sus cintas permanecían en perfecto desorden en algún punto de la casa..
Es ahora cuando empieza a verlas. Dice que el mundo está demasiado acelerado para vivirlo tranquila. Que no le da tiempo a agarrarse a esta modernidad que lo invade todo, que se pierde y no disfruta. Ya nadie tiene tiempo ni paciencia para observar el caminar de una hormiga o el nacer de un pájaro en su cascarón. Todo son imágenes aceleradas. También de cómo se forma el rocío. Pero ninguna es como la suya, ninguna muestra el ritmo profundo de la tierra, sino el de un acelerado humano que pretende verlo todo sin dedicar para ello el tiempo necesario.
Ahora que se siente una extraña en esta época, dedica su tiempo a ver las grabaciones. Estos días ha estado viendo nacer una mariposa. Ayer salió por fin de su crisálida...



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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Despertar

Y se pasó todo el día a base de descafeinados, como esperando que en cualquier momento le hiciera efecto la cafeína que no tenían... 
Y es que en parte así había ocurrido siempre, ella siempre vivió en edificios que no existían y reía con el cine que no veía. Ella, que siempre persiguió un sueño que no conocía y amó a un hombre que no encontraba, ahora intenta recuperar esa vida que hace tiempo dejó marchar...




Bienvenida a la realidad. Aquí también es un poco tú... 
aquí se habla de cosas que no se entienden y se presume de las cosas que no se tienen..

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Refugio de sueños

Sonó el despertador cuando todavía no había amanecido. Ella lo dejó sonar, cada vez más alto, mientras metía la cabeza bajo la almohada. Muchos le preguntaban porqué tenía almohada si no dormía con ella. Precisamente para eso; enterrarse en el mundo de los sueños cuando el trabajo le llamaba desde la mesilla y el sol le intentaba arrastrar fuera de la cama. 
Minutos después, el despertador se cansó de gritar desesperado y el pequeño animal salvaje salió de su escondite con el pelo enmarañado y los ojos todavía cerrados. Se dirigió sin pensar a la ducha, sin abrir los ojos más que lo necesario. Ni el agua fria consiguió despejarla lo suficiente. 
Ya en la cocina, con los pies mojados y bien envuelta en un albornoz rojo, preparó una gran taza de café, que bebió a sorbos y sin azúcar. Pero ni el café consiguió despejarla lo suficiente. Arrastrando los pies volvió a su habitación donde se quitó el albornoz y, completamente desnuda, volvió a meterse en la cama.
Aquel día no estaba para nadie, ni siquiera para ella misma. No era capaz de enfrentarse a ningún pensamiento racional, sólo quería cerrar los ojos y olvidar todo. Como un animal herido, vulnerable, cansado de luchar por aquello que quiere sin obtener resultado. 
-Si todas las batallas perdidas acabaran en la cama, perdería todas- fue su único pensamiento antes de volver al sueño del que quizá todavía no había salido.




 Entrada nº100

martes, 19 de julio de 2011

Se dejó llevar por los recuerdos

Sentada a oscuras en un rincón de su habitación, descalza, acariciaba con las puntas de los pies el frío suelo. En una mano sostenía una taza de leche bien caliente, como a ella más le gustaba. En la otra, un pedazo de chocolate negro y amargo, que mordisqueaba distraída.
En un viejo aparato de música sonaba una de sus canciones favoritas. Se dejó llevar por cada nota, cada acorde, saliendo por un momento de esa oscuridad en la que se hayaba, sintiendo como hasta su propio pulso se acompasaba al de la canción. Poco a poco las notas fueron desapareciendo y todo quedó en silencio, pero ella no salió de su trance. En las manos la leche se enfriaba.


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lunes, 11 de julio de 2011

Celebraciones errantes

Cada año tomaba la tarta de su cumpleaños en una ciudad diferente, rodeada de gente que conocía con rigurosas presentaciones apenas unas frases antes. Hoy está en Berlín, estrenando un nuevo año como quien estrena una camiseta: si no estás con gente cercana, nadie se da cuenta.
Empezó por casualidad, y se ha convertido prácticamente en un ritual de verano. Ha escuchado el cumpleaños feliz en boca de más personas que cualquiera de nosotros. Y ha recibido sonrisas de otras tantas. Quizá sea por eso que ella tiene la alegría enraizada tan profundo en sus ojos. Quizá por eso sea que ha cambiado la timidez por las sonrisas.

Desde aquí, a kilómetros de distancia,
no tengo para regalarte más que mis palabras
Espero que te lleguen con todo el sabor a chocolate con el que las envié.


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miércoles, 6 de julio de 2011

Cortó en un momento su pelo y su niñez

Ella siempre había tenido el cabello largo y oscuro. Apenas si se peinaba con los dedos los mechones enredados y éste caía en cascada por su espalda formando ondas y bucles de reflejos caoba. Pero eso era antes. Un día apareció con la cabeza rapada, sin dar ninguna explicación.

Sus rasgos se volvieron así más afilados y su gesto más salvaje y desafiante. Ya no tenía esas mejillas dulces ni esa cara tan tierna. Recuerdo que intenté preguntarle el por qué. Recuerdo su respuesta "Intentaba que dejases de pensar en mi como una niña". Al principio no supe  [o no quise] ver lo que me decía, pero más adelante y ante el rojo provocador de sus labios y los hoyuelos de sus pómulos vi que ya no quería que la protegiese, sino que la pusiese en peligro. No quería que pensara en ella como se hace con una niña, sino como se hace con una mujer.


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domingo, 3 de julio de 2011

Curiosas aficiones

Lo que más le gustaba a ella era sonreír a los transeuntes sin dejar de mirarles fijamente. Lo hacía hasta provocar que éstos se pusieran nerviosos preguntándose si acaso eran ellos los que provocaban la dulce curvatura de sus labios.

Ella intentaba mirar el interior de las personas, y decía (medio en broma medio en serio) "Hoy en día no sólo la fruta es transgénica, también las personas. Hay algunas que tienen muy buena pinta y apenas las conoces un poco ves que están vacías, que no tienen ideales ni sueños". 

Ella ha sufrido en muchas ocasiones por esas personas frívolas y vacuas. Irremediablemente y sin darse apenas cuenta le confió su vida a aquellos que no supieron valorarla... Ahora anda con cuidado, y es capaz de adivinar tus sueños con tan sólo una mirada.


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martes, 28 de junio de 2011

Griet vivía para el piano igual que yo vivía para ella

Y ahí estaba ella, sonriendo y devorando sandía. Una rodaja tan grande que le dejaba roja toda la boca y las mejillas. Cómo iba yo a ser capaz de destrozar esa alegría con tan malas noticias? No dejaba de preguntármelo, pero ninguna solución pasaba por mi cabeza.

- Tenemos que vender el piano, Griet- dije en voz baja, como si así el dolor también disminuyera su intensidad.
Se le congeló la sonrisa en la cara y levantó la vista a la vez que dejaba caer la sandía. No podía creerlo, lo notaba en sus ojos. Se levantó de la silla y se acercó a mí mientras comenzaban a resbalar las primeras lágrimas por sus mejillas.
- ¿Cuándo? - fue lo único que pudo articular con una voz tan serena que no parecía concordar con la desesperación que se mostraba en sus ojos y en el leve temblor de sus labios.
- Dentro de dos días vendrán a llevárselo. En realidad llevamos más de un mes buscando un comprador, pero sólo hasta hace unos días nos llegó una oferta razonable... Lo siento, debía habértelo contado antes, pero.. pero no sabía como...- 
Griet había dejado de escucharme y ausente se secaba los ojos con las mangas de su camisa. Se fue de la habitación dejándome solo y sin saber qué hacer ni cómo consolarla. El piano comenzó a sonar desde el estudio. Una melodía dulce y melancólica de cadencias suaves que fue transformándose poco a poco en pasajes de ritmos vertiginosos donde las ideas musicales volaban de una mano a otra. Me acerqué al estudio y me apoyé en el marco de la puerta, viendo cómo sus manos acariciaban a gran velocidad las teclas del piano, escuchando a ratos cómo el impacto de una lágrima en su regazo se confundía con las notas envolventes del mismo.

Y no hubo forma de separarla de su piano, ni de que hiciera una pausa para comer o dormir hasta que, a los dos días, llegaron dos jóvenes a llevárselo. Éstos, al escuchar el piano, se quedaron paralizados junto a la puerta, sin atreverse a interrumpir tan bella melodía. 
Las manos de Griet fueron poco a poco perdiendo velocidad hasta acabar reposando en el último acorde. El sonido se quedó flotando en el aire dejándonos inmóviles en nuestros sitios. Griet se levantó despacio y con la cabeza baja, quizá para que no viéramos en sus ojos su sufrimiento. Apenas pudo sostener su peso y cayó desplomada sobre el suelo. Su caída me hizo reaccionar y acudí corriendo junto a ella. Estaba completamente pálida, el cuerpo entumecido y demacrado.
Le cogí las manos, llorando, tenía los dedos ensangrentados y contraídos. Cerró los ojos y entró en un sueño tan profundo que por un momento la angustia me invadió por completo al pensar que había muerto. Fue en ese momento en el que comprendí que ella vivía para el piano igual que yo vivía para ella.



martes, 7 de junio de 2011

Hija de la noche

Un lobo la ha criado a la luz de la luna. Una sierpe la amamantó en sus primeras lágrimas. Víboras insaciables anidaron en su regazo y la volvieron agresiva y temerosa.
Sólo ella tiene el poder de la noche concentrado en su pupila. Sólo ella cambia el ritmo natural de la vida, floreciendo a su paso las aceras y marchitando, con medias sonrisas, los corazones. Tan sólo el brillo de sus ojos negros provoca oscuras lluvias y tormentas. Él lo sabe, y duerme con paraguas ya que volverá a soñar con ella.


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domingo, 5 de junio de 2011

Tristeza, olvido y sal

Y acababa todos los días derrumbada en una playa solitaria. Y es que cuando no se tiene más compañía que el dolor ni más luz que las estrellas, el único sitio que no cierra es el mar...


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