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sábado, 24 de marzo de 2012

Dilatar un tiempo vacío

Él tenía el poder de parar el tiempo. Lo detenía cuando le venía en gana y lo ponía en marcha cuando se cansaba de la quietud y la soledad. De joven ésto le había proporcionado la consideración de genio superdotado por sus inmejorables resultados académicos (podía parar el tiempo en un examen, sacar los apuntes, mirar al de al lado, tomarse un tiempo para pensar...). Le consideraban también impredecible por su forma de aparecer o desaparecer repentinamente e incluso le creían fantasioso y lleno de imaginación, ya que alguna vez intentó explicar su extraño poder y nadie le tomó en serio.

Él, de joven, era capaz de casi todo. Pero de mayor se dio cuenta de que, al contrario de lo que mucha gente (incluso él mismo) pudiera pensar, esta peculiaridad suya en vez de prolongarle la vida se la había quitado. Había acabado ahogado por unas características que otros le habían atribuído y no sentía suyas. Él, a sus años, no había podido descubrir cuál era su verdadera forma de ser y actuar, no había vivido de acuerdo consigo mismo. Pero lo peor de todo, lo que verdaderamente le hacía sufrir, era no haber sido amado, ni haber podido amar. Había tenido en sus brazos todos los cuerpos firmes de jóvenes mujeres, pero nunca había conocido el peso ni el color de sus corazones. Su poder de parar el tiempo le había convertido en un mero cuerpo errante, vacío de cualquier sentimiento excepto el miedo.



Anoche, nostálgico en su cama solitaria, decidió empezar a vivir por primera vez, decidió no volver a usar su extraño poder. ¿Qué gracia tiene acaso vivir en un mundo estático, sin nadie que viva contigo, sin sonrisas ni besos ni amigos?




sábado, 4 de febrero de 2012

Madrugadas de amor y té

Lo del té no sé de dónde lo sacó, pero empezó a ser una tradición impuesta a las tres menos cuarto de la madrugada. No faltaban los detalles ni los sentimientos, y lo preparaba todo con mucha antelación. Varias horas antes se remangaba, se colocaba el mandil y comenzaba a amasar harina, batir huevos y derretir mantequilla. Mezclaba todo con mucho, muchísimo, cariño. Como quien acaricia a un pájaro herido, como quien besa a un niño. Horneaba galletas y bizcochos a un fuego suave, muy suave, como el soplo cálido de una hoguera en pleno invierno. 

Lenta, muy lentamente se cocían las galletas, y nosotros hacíamos el amor en la cocina. Nos quedábamos sentados frente al horno, yo acariciándole el pelo y quitándole con besos los restos de harina de sus mejillas. Y así, sin soltarme la mano, ella calentaba el agua en una tetera roja.

Entonces abría el horno con infinito amor y sacaba varias bandejas de acalorados sentimientos. Compartíamos el té, los dulces y los besos igual que compartíamos el sexo y el sudor. 

...la tetera burbujea en fa menor todas las noches a las tres menos cuarto de la madrugada.



 

miércoles, 11 de enero de 2012

Amante del desorden y los defectos

Y aunque seguía admirando la mirada de aquel chico, sus sentimientos cambiaron de repente, sin saber muy bien porqué. Quizá fue su habitación lo que la desagradó hasta tal punto, o su forma de presentarla; "perdona el desorden", cuando el único rastro de movimiento y vida se concentraba en el lápiz que descansaba sobre la mesa. Se respiraba de hecho una agobiante quietud en aquella habitación. Quizá fue eso lo que la espantó, esa sensación de estabilidad que emanaba de la estancia. Y no sólo de la estancia, él entero olía a equilibrio y permanencia. 
Puede sin embargo que fueran los libros de la estantería, que no eran más que aquellos que mandan en la escuela y algún que otro tomo viejo de la universidad. Y sí, como decirlo, le molestó que ninguna camiseta andara tirada por el suelo, que no hubiera arrugas en su colcha ni CDs esparcidos sobre la mesa. Era asombroso al mismo tiempo; nunca había conocido a nadie que tuviera ordenada hasta la papelera. Quién sabe, quizá no hay que buscar tantos detalles, quizá fue sólo la mirada grave que puso mientras ella observaba la habitación, en la que parecía querer ofrecerle esas [odiosas] cuatro paredes. 

Es difícil saberlo. El caso es que ella sintió que algo se apagaba dentro de su pecho y, aunque esa tarde siguió sonriendo, su corazón comenzó a odiarle por no ser un poco más imperfecto.



martes, 3 de enero de 2012

Mi abuelo el militar espanta el miedo a cañonazos

Quisiera tener una de esas mantas rahídas que tienen los abuelos de cuando fueron al ejército. De esas que te impiden moverte bajo su peso. Quisiera poder refugiarme en ella, crear un lugar secreto y tenerlo a él, a mi abuelo, sentado a mi lado por las noches. Con esa sonrisa afable y ese pecho tan grante y tan cálido en el que enterrar los miedos. Me gustaría que se quedase toda la noche velando mi sueño. Destruyendo a escopetazos las pesadillas. Creando a mi alrededor un escudo de balas y amor. Pero me da la impresión de que en esta guerra el enemigo siempre va mejor armado que yo. Que son escasos los aliados, yo muy pequeña y el miedo demasiado grande.



lunes, 26 de diciembre de 2011

Amor con olor a manzana

Le gustaba pasear por las viejas calles de su barrio. Esas calles que le vieron crecer, con las cuerdas de tender la ropa atravesando los patios. Le gustaba subir y bajar despacio las escaleras irregulares que le hicieron caer tantas veces cuando era niño. Todavía se veían en las esquinas los nombres y corazones que dibujó años atras, intentando atrapar el amor en un arañazo de ladrillos rotos.

No hablaba con nadie en sus paseos. Miraba atento a su alrededor, como si fuera la primera vez que hacía ese recorrido, como si no hubiera visto nunca antes esas casas, esos bares y esas tiendas. Así fue como la descubrió. A esa chica peliroja, con pecas en los labios y sonrisas en los ojos. Tenía las mejillas del color de las manzanas maduras. Y su pelo olía siempre a fruta fresca. Ella, al contrario que él, pasaba las tardes quieta, muy quieta, mirando a la gente cruzar con prisa las calles. También miraba atenta, como si nunca hubiera visto al repartidor de los periódicos que pasaba cada mañana, o al frutero o la carnicera. Tampoco le había pasado desapercibido ese chico que paseaba solo por las calles, y un día salió a su encuentro. Ninguno habló. Ambos pensaban que las palabras no son capaces de expresar los sentimientos, que sólo llevan a malentendidos.
Ella le ofreció una manzana, de esas que siempre llevaba en el abrigo. Él sonrió y le ofreció otra manzana, de esas que siempre llevaba en el bolsillo... Intercambiaron a la vez la fruta y los corazones.




viernes, 23 de diciembre de 2011

De profesión: sonriente

Nunca supe dónde escuchó que todo el mundo debía tener una ocupación para que la sociedad se mantuviera. Tampoco supe porqué le afectó tanto, a él, apenas un niño que todavía iba a la escuela.
"Quizá yo no quiero que esta sociedad se mantenga, quizá no me quiero formar como periodista, ni como médico o maestro, para acabar viviendo una rutina de caras tristes y absorbidas por el deber. En esta sociedad faltarán trabajadores, pero aún hacen más falta los sueños y las sonrisas, que parecen ya olvidados. Quizá quien quiera de verdad mantener esta sociedad vea que es imprescindible proveer de esto a los trabajadores, formando gente que aunque no sepa repetir libros de memoria, sepa ser feliz"
Ante este tipo de discursos la madre reía y con lágrimas en los ojos suspiraba "¡Qué inocente...!". Y es que realmente resultaba cómico ver a alguien tan pequeño y con tan poca voz hablando tan seguro y con tanta propiedad. A él no le afectaban estas respuestas y continuaba sus declaraciones de principios con esa aguda e infantil voz que le caracterizaba.
"Sin embargo, si quieres que tenga una profesión, la tendré. Seré sonriente, le daré un motivo a la gente por el que seguir haciendo lo que hace, haré que todo el mundo disfrute con su trabajo, que canten y bailen como si nadie les estuviera viendo".
Nadie pensó nunca que estas afirmaciones infantiles pudieran tener algo de cierto. Su madre continuó pensando que se le pasaría con la edad. Puede que si le hubieran tomado algo más en serio se hubieran dado cuenta de la profundidad de sus palabras. De que en realidad, toda la corrupción, engaños y mentiras es producto de la infelicidad social...

Le volví a ver años más tarde, con la barba cana y arrugas en los ojos. Tenía en la mirada una fuerza de diez ciclones, decía que todas las ganas de vivir que había repartido le habían sido devueltas multiplicadas por veinticinco. Y yo me lo creía, sólo había que mirar esos ojos y una sonrisa afloraba en tu boca y sentías unas ganas increíbles de vivir.





sábado, 26 de noviembre de 2011

Prosopagnosia

(Anocheciendo en un bar de barrio. Yo sentada sola, quizá esperando)

-La noche es una estrella en tu cucharilla- me dijiste, apareciendo de repente con una taza de té en la mano y aliento enamorado, como si me conocieras de años. En ese momento me hizo gracia tu pelo castaño, tu aspecto desgarbado y ese brillo de reencuentro en tus ojos. Inocente yo, pensé que me querías. Tras varias noches de comer perdices me di cuenta del error. Fue más o menos cuando me dijiste “¿Recuerdas nuestra boda, Anna?”

Por aquel entonces aparecía en las noticias una joven que esperaba todas las noches a su marido en un bar, quien fue a por un té y no volvió.

Sólo respondí -Claro, .. - y me mordí los labios. Seguía sin saber tu nombre.


Todo confundes, hasta el amor.




[La Prosopagnosia es un trastorno de reconocimiento de las caras que se manifiesta en una dificultad de reconocer a familiares y amigos por el rostro. El paciente puede incluso no llegar a reconocerse en un espejo. En ocasiones sí que se reconocen caras de desconocidos pero no las caras familiares.]




sábado, 19 de noviembre de 2011

Ella y su melena parda

Siempre andabas tú detrás de las ondas de su pelo. Sonriendo como hipnotizado. Quizá entonces ya no la querías, pero los reflejos oscuros de su flequillo te impedían alejarte. Sin embargo llegó el día en que no pudiste soportar esta contradicción y te marchaste. Ella prometió entonces no volver a cortarse el pelo, hasta que regresaras. Y así lo dejó crecer. No es que lo hiciera rápido, aunque tampoco lento, sino era mas bien como el ritmo constante e ininterrumpido del mar.

Al principio se lo recogía en grandes moños para evitar tropezar con él, pero llegó un momento en el que ni los moños aguantaban tanto pelo. Crecía sin parar y tú no venías.
Poco a poco se fueron enganchando en su cabello todas las cosas que conocía. Primero fueron las hojas de un temprano otoño, algunas nubes grises y los pájaros del barrio, que criaron en su cabeza durante la primavera. Luego fueron los rayos de sol los que se refugiaron en algún lugar detrás de su oreja. Y sus amigos y enemigos, y los vecinos, y el peluquero al que hacía tanto que no visitaba, todo quedó enraizado en su oscura melena. Y aunque a veces le da dolor de cabeza de tanto que pesa, siempre anda acompañada y llena de luz, con ese brillo especial de alegría, sol y estrellas.

Aunque esto lo hizo por que volvieras, ya ni se acuerda. Ahora tiene demasiadas cosas en la cabeza como para pensar en ti.





martes, 18 de octubre de 2011

Porque el tiempo es vida, y la vida reside en el corazón

-¡Al ladrón, al ladrón!- gritaba la mujer en medio de la calle, con los brazos caídos a los lados de su envejecido cuerpo.
Una silueta se disolvía entre las sombras de la esquina.
Un transeúnte se acercó a la mujer, que seguía escudriñando la oscuridad fijamente, como si en cualquier momento fuera a aparecer alguien pidiéndole disculpas.
-¿Qué le pasa?- preguntó educadamente el hombre, extrañado porque la mujer no mostraba signos de violencia, y permanecía bien engalanada con el bolso en la mano.
La mujer se volvió para mirarle, con los ojos brillantes - ¿es que no lo ve? ¡me han robado!
-Pero dígame señora, ¿qué le han robado? Puedo acompañarle a poner una denuncia- intentó calmarla el hombre, movido solamente por la curiosidad de saber lo ocurrido.
-Me han robado el tiempo- respondió la mujer, muy segura de sí misma. - ¡Al ladrón! Al ladrón!- siguió gritando, con una voz ronca por los años y los ojos llenos de arrugas.




Vive. Disfruta de tus pequeños placeres,
aunque no todos los valoren ni los entiendan.
No te dejes influir por intereses ajenos.
...
Vive el presente, que es la única forma de vivir




"Porque cada hombre tiene su propio tiempo, y solo mientras siga siendo suyo se mantiene vivo"
(Momo)






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miércoles, 12 de octubre de 2011

Alcohol y sueños rotos

- Otro whisky doble, por favor- musitó dejando el vaso vacío en la barra.
El camarero la miró fijamente mientras abría la botella. No llevaba más de veinte minutos allí y ya había bebido por todos los alcoholicos del bar. Le brillaban los ojos a través del cabello revuelto, a través de las sombras oscuras de sus párpados. Llevaba un jersey demasiado grande para ser suyo, que dejaba a la vista unas escuálidas rodillas que no podía dejar de mirar... era la forma en que sus prietos muslos se perdían por debajo de la tela lo que tenía algo de salvaje y dulce al mismo tiempo.
Dejó caer el alcohol en el vaso. Antes de que ella estirara la mano para llevárselo a los labios él lo retuvo -Oye, si tu propósito esta noche es beber hasta perder la conciencia, antes deberías....-
-Eh, te he pedido que me sirvas, no que me psicoanalices ni me des consejos. Hace tiempo que dejé de ser una niña que necesita cuidado constante- interrumpió ella, lanzándole una mirada agresiva.
-... antes deberías pagar, son las normas del bar- continuó él sin poder evitar una media sonrisa.


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jueves, 6 de octubre de 2011

Intentó guardar la vida entera y se olvidó de vivirla

Ella llevaba su cámara de video a todas partes. Filmaba el caer de las hojas en otoño y el de la nieve en invierno. Guardaba en su cámara sonrias, pestañeos, guiños y otros sentimientos. Guardaba a sus familiares y amigos, a transeúntes de la calle y a bebedores en los bares, a aquellos que ya no estaban y a los que todavía no había conocido.
Cámara en mano recuerdo verla recorriendo la ciudad, deteniendose en el parpadeo de una farola antes de encenderse o en el revoloteo de un insecto ante un cuello perfumado. Andaba, y se grababa los pies mientras lo hacía, asegurando que la sabiduría que ganaba a cada paso se transmitía en sus imágenes. Todo, todo estaba encerrado en una secuencia infinita de grabaciones. El vapor de agua en el espejo del baño y mi mano escribiendo en él "te quiero", los fogones de la cocina y el pitido de la olla. Todo empezó cuando, siendo muy pequeña, dejó una cámara encendida frente a su ventana. Allí se quedó olvidada hasta que las baterías se agotaron. Cuando fue a borrar el largo video que había quedado grabado, se dió cuenta de que mostraba la formación del rocío sobre las plantas del alféizar. Le ha marcado siempre este primer descubrimiento, el darse cuenta de que las gotas no las ponía un duende cada mañana, y que lo mismo sucedía con las telas de araña o el florecer de una rosa, todo sucedía lenta y mágicamente, a un ritmo que provenía de lo más profundo de la tierra. Conmovida, se propuso guardarlo todo en su vieja cámara.

Sin embargo, una vez grabados, nunca había vuelto a ver sus videos. Todas sus cintas permanecían en perfecto desorden en algún punto de la casa..
Es ahora cuando empieza a verlas. Dice que el mundo está demasiado acelerado para vivirlo tranquila. Que no le da tiempo a agarrarse a esta modernidad que lo invade todo, que se pierde y no disfruta. Ya nadie tiene tiempo ni paciencia para observar el caminar de una hormiga o el nacer de un pájaro en su cascarón. Todo son imágenes aceleradas. También de cómo se forma el rocío. Pero ninguna es como la suya, ninguna muestra el ritmo profundo de la tierra, sino el de un acelerado humano que pretende verlo todo sin dedicar para ello el tiempo necesario.
Ahora que se siente una extraña en esta época, dedica su tiempo a ver las grabaciones. Estos días ha estado viendo nacer una mariposa. Ayer salió por fin de su crisálida...



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jueves, 8 de septiembre de 2011

Refugio de sueños

Sonó el despertador cuando todavía no había amanecido. Ella lo dejó sonar, cada vez más alto, mientras metía la cabeza bajo la almohada. Muchos le preguntaban porqué tenía almohada si no dormía con ella. Precisamente para eso; enterrarse en el mundo de los sueños cuando el trabajo le llamaba desde la mesilla y el sol le intentaba arrastrar fuera de la cama. 
Minutos después, el despertador se cansó de gritar desesperado y el pequeño animal salvaje salió de su escondite con el pelo enmarañado y los ojos todavía cerrados. Se dirigió sin pensar a la ducha, sin abrir los ojos más que lo necesario. Ni el agua fria consiguió despejarla lo suficiente. 
Ya en la cocina, con los pies mojados y bien envuelta en un albornoz rojo, preparó una gran taza de café, que bebió a sorbos y sin azúcar. Pero ni el café consiguió despejarla lo suficiente. Arrastrando los pies volvió a su habitación donde se quitó el albornoz y, completamente desnuda, volvió a meterse en la cama.
Aquel día no estaba para nadie, ni siquiera para ella misma. No era capaz de enfrentarse a ningún pensamiento racional, sólo quería cerrar los ojos y olvidar todo. Como un animal herido, vulnerable, cansado de luchar por aquello que quiere sin obtener resultado. 
-Si todas las batallas perdidas acabaran en la cama, perdería todas- fue su único pensamiento antes de volver al sueño del que quizá todavía no había salido.




 Entrada nº100

miércoles, 6 de julio de 2011

Cortó en un momento su pelo y su niñez

Ella siempre había tenido el cabello largo y oscuro. Apenas si se peinaba con los dedos los mechones enredados y éste caía en cascada por su espalda formando ondas y bucles de reflejos caoba. Pero eso era antes. Un día apareció con la cabeza rapada, sin dar ninguna explicación.

Sus rasgos se volvieron así más afilados y su gesto más salvaje y desafiante. Ya no tenía esas mejillas dulces ni esa cara tan tierna. Recuerdo que intenté preguntarle el por qué. Recuerdo su respuesta "Intentaba que dejases de pensar en mi como una niña". Al principio no supe  [o no quise] ver lo que me decía, pero más adelante y ante el rojo provocador de sus labios y los hoyuelos de sus pómulos vi que ya no quería que la protegiese, sino que la pusiese en peligro. No quería que pensara en ella como se hace con una niña, sino como se hace con una mujer.


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martes, 28 de junio de 2011

Griet vivía para el piano igual que yo vivía para ella

Y ahí estaba ella, sonriendo y devorando sandía. Una rodaja tan grande que le dejaba roja toda la boca y las mejillas. Cómo iba yo a ser capaz de destrozar esa alegría con tan malas noticias? No dejaba de preguntármelo, pero ninguna solución pasaba por mi cabeza.

- Tenemos que vender el piano, Griet- dije en voz baja, como si así el dolor también disminuyera su intensidad.
Se le congeló la sonrisa en la cara y levantó la vista a la vez que dejaba caer la sandía. No podía creerlo, lo notaba en sus ojos. Se levantó de la silla y se acercó a mí mientras comenzaban a resbalar las primeras lágrimas por sus mejillas.
- ¿Cuándo? - fue lo único que pudo articular con una voz tan serena que no parecía concordar con la desesperación que se mostraba en sus ojos y en el leve temblor de sus labios.
- Dentro de dos días vendrán a llevárselo. En realidad llevamos más de un mes buscando un comprador, pero sólo hasta hace unos días nos llegó una oferta razonable... Lo siento, debía habértelo contado antes, pero.. pero no sabía como...- 
Griet había dejado de escucharme y ausente se secaba los ojos con las mangas de su camisa. Se fue de la habitación dejándome solo y sin saber qué hacer ni cómo consolarla. El piano comenzó a sonar desde el estudio. Una melodía dulce y melancólica de cadencias suaves que fue transformándose poco a poco en pasajes de ritmos vertiginosos donde las ideas musicales volaban de una mano a otra. Me acerqué al estudio y me apoyé en el marco de la puerta, viendo cómo sus manos acariciaban a gran velocidad las teclas del piano, escuchando a ratos cómo el impacto de una lágrima en su regazo se confundía con las notas envolventes del mismo.

Y no hubo forma de separarla de su piano, ni de que hiciera una pausa para comer o dormir hasta que, a los dos días, llegaron dos jóvenes a llevárselo. Éstos, al escuchar el piano, se quedaron paralizados junto a la puerta, sin atreverse a interrumpir tan bella melodía. 
Las manos de Griet fueron poco a poco perdiendo velocidad hasta acabar reposando en el último acorde. El sonido se quedó flotando en el aire dejándonos inmóviles en nuestros sitios. Griet se levantó despacio y con la cabeza baja, quizá para que no viéramos en sus ojos su sufrimiento. Apenas pudo sostener su peso y cayó desplomada sobre el suelo. Su caída me hizo reaccionar y acudí corriendo junto a ella. Estaba completamente pálida, el cuerpo entumecido y demacrado.
Le cogí las manos, llorando, tenía los dedos ensangrentados y contraídos. Cerró los ojos y entró en un sueño tan profundo que por un momento la angustia me invadió por completo al pensar que había muerto. Fue en ese momento en el que comprendí que ella vivía para el piano igual que yo vivía para ella.



sábado, 27 de noviembre de 2010

Con tacones [invisibles]

Y hoy te sientes con ganas de mostrarle al mundo tu sonrisa y tu vitalidad , de hacerte notar. Hoy te sientes con ganas. Te arreglas y te cambias, te pones guapa. Te vistes con tacones y falda. Y sales de casa con la seguridad brillando en tu mirada. Hoy puedes con todo, y quieres que te vean, quieres por un día sentirte valorada.

Sin embargo el mundo no se siente como tú, no hoy. Los días encerrada en casa han hecho mella y pareces olvidada. Nadie responde a tus llamadas. Se hace de noche y sientes el frio colándose en tus medias. Nadie con su risa te reconforta, hoy nadie está dispuesto a dedicarte su tiempo. Hoy estas sola. Nadie te hace sentir importante ni guapa. Y tú te sientes ridícula con tu falda, y la estiras con las manos mientras vuelves a casa. No ha sido más que un paseo, sola. Y te quedas mirando fijamente tu reflejo en  algún cristal, que te devuelve una media sonrisa melancólica. Y así, mirándote al espejo, piensas en dónde cojones se han metido tus ganas de mostrarle al mundo tu valía. ¿Dónde ha quedado aquello? ya no sientes más que tus manos heladas. Un sábado por la noche y estas sola en casa. Desplomada en la cama, con tacones rojos y falda.


lunes, 11 de octubre de 2010

Quimeras

Ella le miró con lágrimas en los ojos, -No hay libertad, Jack-susurró con voz entrecortada-. Es la más hermosa de las quimeras inventadas por el ser humano. Siempre formamos parte de algo, cada vez mayor y más incomprensible. Y no hay límites para lo incierto, así como tampoco los hay para lo cierto. La libertad es sólo una idea, ese pensamiento que muchos otros pretenden acotar con tanta ley absurda. 
Él la miró fijamente sin entender. 
Una lágrima de cristal resbaló por su mejilla -Por favor, Jack, mírame, no quiero perderte para siempre...-
Jack se acercó a ella hasta notar cómo se mezclaban sus respiraciones, entonces la besó. -Inventemos quimeras, Kate, inventémoslas- susurró sin dejar de acariciar sus labios. -Si la libertad está en nuestra imaginación, imaginémosla- suplicó con vehemencia - No somos libres, pero cuanto más sepamos, más podremos imaginar que sí lo somos. Sólo quiero estar contigo Kate, los dos juntos conseguiremos tener la libertad en la mano, porque tú me pertenecerás a mí y yo te perteneceré a ti, y no formaremos  parte de nada más, no seremos más que dos almas unidas para siempre, seremos libres, libres de cadenas y grilletes, libres de soñar, libres para querernos, para todo libres.
Fundieron sus lágrimas en un beso, olvidando sus miedos.

sábado, 2 de octubre de 2010

Cartas

Sé que estás preocupada y no sé cómo ayudarte. Ya te habrán dicho que "todo va a salir bien", verdad?, no seré yo quien te lo repita. (además, nunca me ha gustado esa expresión ni la idea de destino que conlleva, no me gusta pensar que nuestras acciones están determinadas antes de producirse, lo sabes...)
Solo tengo una cosa que decirte antes de que te vayas, un consejo que te servirá para mañana y para siempre; sé impulsiva y haz caso a tus instintos. Se fuerte, se natural, se tú misma y sonríe, sonríele a la vida, sonríe aunque estés triste (ya que como dijo algún sabio en otro tiempo "nunca sabes quien se va a enamorar de tu sonrisa") y sobretodo se feliz, porque te lo mereces y porque tú vales más que un par de cabezas huecas. No tengas miedo de este viaje, es una oportunidad de la que sacarás muchas (y magníficas) cosas a recordar, una aventura que comenzó desde el mismo momento en el que aceptaste la propuesta. Y la aceptaste porque eres valiente y perspicaz y desde luego muy capaz de solventar los problemas con los que allí te puedas enfrentar. Solo me queda decirte que no tengas nunca miedo y no te rindas, que yo estaré contigo para que nunca dejes de soñar.


Siempre tuyo

Xxx.


PD. Espero recibir muy pronto tus noticias, espero que tu alegría me contagie un poco e ilumine esta habitación que se queda ahora triste y vacía...

domingo, 26 de septiembre de 2010

Día a día

Sale con prisa de casa. Es por la mañana, aunque bien podría decirse que es de noche, ya que todavía no ha amanecido. Lo que más le cuesta de madrugar es el frio de la mañana. El tacto helado del suelo tras la calidez de su cama. Ese frio que se pega en sus talones y anida en su alma.
Es un día cualquiera, pero se siente extraña. El tiempo pasa más despacio y el metro va siempre demasiado lento... Siente pereza, pereza por empezar su monótono pero exigente día, pereza por resignarse a hacer lo establecido, por tener que hacer callar sus pensamientos, por tener que adoptar unas ideas que no son suyas, por no poder sentarse a ver amanecer... Cierra los ojos y suspira dulcemente, como el que intenta ver las estrellas en una noche de tormenta.
Las horas de concentración hacen mella en su espíritu, convirtiendo su animosa sonrisa en apenas una mueca forzada. Va de un sitio para otro, sin parar un segundo, intentando ser lo más eficiente posible para pronto terminar su jornada. Se mueve por el metro como poco más que un autómata, por esa red de túneles tan llenos de gente y movimiento que más parece un enorme hormiguero que un medio de transporte. Los trenes estan tan llenos que nunca encuentra asientos donde descansar su alma, pero dormita de pie con los ojos cerrados, aprovechando lo largo de sus trayectos.
Arrastra los pies hasta su casa. Ya atardece y el viento frio que se levanta sacude su cabello haciendo que algún rebelde mechón escape del recogido desigual con el que se ata el pelo [...]


Cansancio, cómo desearíamos a veces que no nos afectara, pero qué bien se duerme con él...

lunes, 13 de septiembre de 2010

La noche

Un grito ahogado la rompe. Un transeúnte la camina. Los gatos la imitan en su oscuridad. Algunos la trabajan. Otros la sufren. Otros la disfrutan. Hay quien rie tras una esquina, y quien sus penas en alcohol ahoga. En la intimidad de un banco miradas se entrecruzan. Almas solitarias por las calles sin rumbo vagan. Risas afónicas a la salida de un garito. Sonrisas tímidas en un portal. Alegres encuentros y reencuentros en el hogar. Despedidas amargas y oscuras como ella misma. Bicicletas oxidadas ancladas frente a una puerta. Animadas charlas bajo las estrellas. Sentimientos, deseos e ideales flotando en el aire.
Escenario de tantos y tantos sueños como puedas imaginar.



viernes, 10 de septiembre de 2010

Despertador

Ruido.Másruido.Másruido. Y te despiertas. Te pierdes entre tus sábanas, te proteges bajo la almohada. Te despeinas, ruedas en la cama, te estiras y te desperezas. Te quitas las tristezas con el sol de la mañana. Te levantas, te duchas, saboreas el agua. Te vistes, te cambias. Hueles el café en la distancia, borboteando en la cocina. Arrastras los pies hasta coger la taza. Se para el tiempo en tu café volviendo con las prisas a la espalda. Dejas todo sucio en el fregadero, ya lo limpiaré luego, piensas. Corres hacia el baño, te enfrentas al espejo, te peinas, te maquillas. Miras el reloj agoviada. Coges el abrigo, el móvil, las llaves... sales de casa.