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martes, 6 de marzo de 2012

Baladí

- Érase una vez un hombro muy grande sobre el que llorar, sin nadie detrás. Sin problemas ni miedos propios. Capaz de sostener el mundo entero sin dejar escapar ni una queja, ni una lágrima.
- Deja ya de fantasear, esas cosas no existen
- ¿No, verdad? Entonces ¿por qué me sigues tratando igual?


Mr. Cellophane (canción)

domingo, 4 de marzo de 2012

Sobre el azúcar o el amor

Discutían a menudo, pero aún les seguía uniendo su pasión por la alta repostería y el chocolate. Entonces ocurrió que una mañana entre el otoño y el invierno se volvieron diabéticos... Ya nada pudo evitar su separación.



sábado, 25 de febrero de 2012

Prosopopeya o realidad

- Pues no, no me parecen loables las gallinas de corral
- ¿Ni siquiera ésta, que murió de amor?


jueves, 9 de febrero de 2012

Arte

El músico respiró hondo, cerró los ojos y se estiró la chaqueta. Como en un sagrado ritual abrió la funda de su clarinete, sacó el instrumento de oscura madera y lo afinó con sumo cuidado.
Aquel joven solista volvió a respirar hondo, estiró los brazos, sopesó el instrumento con una mano. Codos alineados, los dedos tensos y flexibles sobre los anillos y llaves del clarinete. Llegado el momento el público dejó de aplaudir y observó atento. El joven intérprete cogió aire y comenzó a cantar.


Dedicada a un amigo clarinetista, que encuentra siempre la forma de sorprenderme.

lunes, 6 de febrero de 2012

Incoherente dulzura

Ella se pasaba el día entero abrigada hasta el cuello con bufandas, gorros y lanas, pero con los pies descalzos. Sólo cuando iba a dormir se desnudaba por completo y, antes de desaparecer bajo la calidez de las sábanas, se enfundaba los pies con tres pares de calcetines a rayas.


Siempre le gustó llevar un poco la contraria

domingo, 13 de noviembre de 2011

Domingo por la tarde

Y elegimos una película para ver. Sobre todo me gusta cuando tú eliges la película, porque me terminan fascinando siempre tus elecciones.
El cielo gris plomizo ilumina extrañamente el salón, ese escondite donde nos protegemos de invisibles agujas que repiquetean en las ventanas. Yo hundo mis pies helados entre tus pantorrillas. Tú piensas en mi maldita manía de andar descalza, pero no te apartas.

Y así, en un perezoso bostezo, se concentran los restos de pizza frente al televisor y los cuerpos ocultos tras una manta.


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