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jueves, 12 de abril de 2012

Universos

Una estrella fugaz, pide un deseo. Le mira, pero él contempla el cielo. ¿No pensará él en la inmensidad del universo, en el misterio de los agujeros negros, en lo efímero de la vida y lo eterno de los besos? Sigue mirando el firmamento. Él la mira, pero ella, ausente, absorbe estrellas. ¿No pensará ella en supernovas, en la muerte prematura de estrellas rojas y en cantarles muy bajito ahora que su luz todavía brilla cual espectro?
No hay amor ni palabras, sólo inmensidad bajo una luna demasiado blanca para ser verdadera.
Sólo una historia demasiado complicada para ser contada.



 
Lisa Hannigan & Damien Rice - Then go

domingo, 4 de marzo de 2012

Sobre el azúcar o el amor

Discutían a menudo, pero aún les seguía uniendo su pasión por la alta repostería y el chocolate. Entonces ocurrió que una mañana entre el otoño y el invierno se volvieron diabéticos... Ya nada pudo evitar su separación.



lunes, 26 de diciembre de 2011

Amor con olor a manzana

Le gustaba pasear por las viejas calles de su barrio. Esas calles que le vieron crecer, con las cuerdas de tender la ropa atravesando los patios. Le gustaba subir y bajar despacio las escaleras irregulares que le hicieron caer tantas veces cuando era niño. Todavía se veían en las esquinas los nombres y corazones que dibujó años atras, intentando atrapar el amor en un arañazo de ladrillos rotos.

No hablaba con nadie en sus paseos. Miraba atento a su alrededor, como si fuera la primera vez que hacía ese recorrido, como si no hubiera visto nunca antes esas casas, esos bares y esas tiendas. Así fue como la descubrió. A esa chica peliroja, con pecas en los labios y sonrisas en los ojos. Tenía las mejillas del color de las manzanas maduras. Y su pelo olía siempre a fruta fresca. Ella, al contrario que él, pasaba las tardes quieta, muy quieta, mirando a la gente cruzar con prisa las calles. También miraba atenta, como si nunca hubiera visto al repartidor de los periódicos que pasaba cada mañana, o al frutero o la carnicera. Tampoco le había pasado desapercibido ese chico que paseaba solo por las calles, y un día salió a su encuentro. Ninguno habló. Ambos pensaban que las palabras no son capaces de expresar los sentimientos, que sólo llevan a malentendidos.
Ella le ofreció una manzana, de esas que siempre llevaba en el abrigo. Él sonrió y le ofreció otra manzana, de esas que siempre llevaba en el bolsillo... Intercambiaron a la vez la fruta y los corazones.




sábado, 9 de julio de 2011

Ellos

Sus ojos ya no dicen nada, ya no tienen ese brillo cálido tan especial. En su mente sólo quedan malas intenciones y dolorosas palabras expresadas con rabia. Ya no hay amor en sus labios ni caricias en sus brazos... Ya no les queda esperanza, en silencio expresan su miedo, miedo a la soledad de una habitación vacía, a la melancolía de cuatro paredes demasiado frías...

Y tú sólo puedes mirar, mirar cómo se destruye el sueño de una vida compartida. Ya no quedan lágrimas en tus ojos ni sonrisas en tu boca. Tu mundo se vuelve inexistente y tú invisible con él, para los demás eres indiferente y apenas si te importa... Sólo quieres desaparecer repentinamente, tal y como hicieron los lazos que los unían a ellos dos, desaparecer...

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jueves, 10 de junio de 2010

Sarna con gusto...

Y te empeñaste en quererla. Todavía no sé muy bien porqué. Quizá fue su sonrisa, su mirada traviesa o la suavidad de su piel. Quizá fue su pelo rebelde, oscuro y lleno de enredos cual corazón abandonado. Quizá simplemente te guste sufrir...
Y te empeñaste en amarla. Con ese amor desinteresado, doloroso, con ese amor que le profesan las hojas secas al fuego. Amor que quema por dentro, que asfixia al no ser recompensado, ahogando tu alma en rencor.
Y aún así te mantuviste a su lado, queriéndola. Porque sus palabras nunca fueron tan duras como los días sin ella. Porque los inviernos pasaron más rápido a su lado. Porque, en realidad, ella necesitaba tu compañía y no sabía demostrarlo. Solo tú fuiste capaz de interpretarlo. Y te empeñaste en, a pesar de todo, quererla.