viernes, 9 de abril de 2010
Despéinate
Enfréntate a tus miedos. Libértate, rompe tus cadenas. Ilumina tus estrellas. Descubre que el fuego quema. No habrá sueños si no los creas. Déjate llevar por aquello que quieras. No sufras más, no merece la pena. Grita tus verdades. Que nadie destruya tus ideales. Baila y canta, rie y llora, al mismo sol enamoras. Que tu alma es como el viento, no te escondas bajo tierra. Que no existen monstruos que te hagan sombra...
lunes, 5 de abril de 2010
Pérdidas
Perdóname. Fui una imbécil. Quizá lo sigo siendo. No supe mantenerte a mi lado, te aparté de mi camino con orgullo e indiferencia. Te alejé con mi silencio y me escondí de tus abrazos. Mi frustración era vano espejo de mis miedos. Miedo a ser débil y a sentirme insegura, a arriesgar demasiado y perderlo todo, a quedar destrozada. No sabía que ya todo lo había comprometido, que era algo que no podía controlar. Mi corazón se fue contigo dejándome vacía. Desaparecieron de mi boca palabras cariñosas. Mis labios secos y agrietados se llenaron de palabras vacías y silencio. Sólo quedaba rabia en mi interior. Rabia por perderte. Rabia por ser la única culpable. Rabia por no intentar evitarlo. Ahora la melancolía sustituye mi orgullo y puedo ver lo horrible de mi pérdida. Ahora solo me quedan recuerdos que se disipan cuando más los persigo. Ahora sigo aspirando fuertemente buscando en el aire tu aroma… y lo encuentro vacío…
Quizá algún día tu sonrisa desaparezca de mi pensamiento. Quizá algún día no recuerde la calidez de tu mirada ni la suavidad de tus labios. Quizá, y sólo quizá, consiga olvidarte.
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sábado, 3 de abril de 2010
Dolor oculto
Cómo duele fingir estar bien... y no creo que sea por mentir, no, eso no duele. Es más, puedes llegar a ser un experto en la mentira, en hacer teatro, si, puede que seas un actor estupendo. Pero cómo duele fingir estar bien... Y creo que es porque en realidad lo que tienes ganas de hacer es gritar lo que te pasa, gritarlo bien alto, que tu voz se la lleve el viento. Que tu garganta no sepa pronunciar otras palabras. Quieres que te ayuden, pero también sabes que no pueden. Por eso fingimos. Porque no te puede ayudar nadie. Y puede que no lleguen ni a entenderte. Y la incomprensión quizá sea más dolorosa que el silencio. En el silencio queda alguna esperanza. En la incomprensión solo queda soledad y melancolía. Pero aún así, fingiendo o no, tienes que saber seguir adelante. Llega un momento en el que te acostumbras al dolor, y es en ese momento en el que se empiezan a curar tus heridas y tus sonrisas comienzan a ser sinceras... paciencia, esperaré.
viernes, 2 de abril de 2010
Sinsentidos
Cosas absurdas, que no tienen explicación. Mi situación. Tengo ganas de comerme el mundo, pero me da miedo no poder abarcarlo y me siento pequeña e insignificante. Quiero romper la rutina, pero no sé cómo ni porqué. Quiero tener sueños, pero no se cuáles y me da miedo equivocarme, que se conviertan en pesadillas. Me gustaría tener confianza, creer en algo, pero no se en qué, soy demasiado incrédula. Quiero irme lejos de aquí, donde nadie me conozca, pero me da miedo sentirme sola en un lugar desconocido. Quiero gritar, y también pasar desapercibida. Tengo ganas de llorar, pero no de mostrarme débil e insegura. Me gustaría reír, pero no encuentro ninguna razón para hacerlo. Querría trasnochar y no dormir en toda la noche, pero también madrugar al día siguiente. Quiero tantas cosas y a la vez no quiero nada. Me sentaré a esperar que mis miedos se ahogen en la noche, que mi mente se aclare y se alejen estos sinsentidos, desapareciendo en la oscuridad de las estrellas.
jueves, 1 de abril de 2010
Latidos
No podía dejar de contemplarla. Acariciaba con la mirada sus suaves curvas, su pelo enmarañado reposando sobre la almohada. Todavía eran visibles los arañazos de su cara. Sentado sobre la silla llevaba largo rato observándola. Ella, tendida en la cama a la luz de la luna parecía frágil cual muñeca de porcelana. Sin embargo la conocía demasiado bien, aquella joven de cautivadora y afilada belleza derribaría a áquel que la importunara sin apenas darle tiempo a temerla. Él no podía apartar la mirada de sus ojos cerrados y su sonrisa inocente. Su pecho subía y bajaba lentamente al ritmo de su respiración. Podía oír latir su corazón, en perfecta sintonía con el suyo propio. Se tumbó a su lado, mientras el ritmo de sus respiraciones le sumía en un suave trance. En su cabeza se revolvían los recuerdos, la tragedia, las lágrimas, todo lo ocurrido los días anteriores... y sin embargo volvería a repetir todo aquello solo por el hecho de encontrarla en el camino...
Quédate conmigo
aquí
