jueves, 6 de junio de 2013

Las cosas que odias y a la vez proteges

Sé que odias mi impulsividad y falta de organización, que me hace comprometerme a todo y correr en el último momento pidiendo ayuda a todo el mundo. Sé que no te gusta que, aún con todo, me salgan bien las cosas, porque con ello se derrumban un poco tus esquemas. Sé que te irrita mi forma de reflexionar sobre cada cosa, de ser incapaz de reírme con tus chistes por ser demasiado machistas. Sé que no puedes soportar que a mi móvil, si lo llevo, siempre le falte saldo o batería, y que en los momentos más importantes sea imposible localizarme.
Sí, sé que hay muchas cosas que te irritan. Pero acéptalo, no puedes seleccionar de mí sólo las partes que más te gustan. No puedes quitarle al mar la espuma porque te parezca un contraste demasiado blanco, demasiado delicado, demasiado poco (siempre encuentras algún "demasiado" con el que romper la asimetría de las cosas). No puedes quitarle al arcoiris el color azul, ni el verde, ni ninguno. No puedes borrar los días de lluvia del otoño, ni el barro en los zapatos. No puedes quitar el número 14 y pasar directamente del 13 al 15. No puedes, no puedes...
Es un puzzle que sin piezas se queda vacío, deshecho, sin sentido. Y en el fondo no quieres que aprenda a organizarme porque entonces abandonaría muchos proyectos por verlos imposibles. Pensándolo, no quieres que dependa del móvil, ni que me ría con clichés que me perjudican como mujer. No, nada tendría sentido, el otoño sin lluvia ni hojas ni barro bien podría ser un verano algo frío, el mar sin olas daría miedo por su quietud... Si lo piensas, no hay nada que quieras quitar. Está bien así como está.

domingo, 2 de junio de 2013

Parece que la lluvia nos ha desteñido la ilusión

A veces, sólo a veces, nos empeñamos en creer que todo esto que nos pasa es porque "nos queremos demasiado". Pero yo sé que con eso no hacemos mas que engañarnos, y que a esa frase le falta un "poco" enmudecido por el miedo, por el miedo a que sea cierto.


miércoles, 15 de mayo de 2013

"El tiempo no pasa, da vueltas en redondo"


Nos movemos en un ambiente con el aire muy viciado, espeso, desgastado. Un ambiente donde las relaciones han dado muchas vueltas, círculos concéntricos cada vez más pequeños que te van dejando atrapado en el centro.
Las mismas dudas, los mismos miedos, los mismos protagonistas en una historia diferente pero igual, en un contexto diferente pero similar, con relojes asimétricos, edades dispares, estaciones diversas... pero un mismo aire enrarecido.
Y aún así conseguimos mimetizarnos en esa estabilidad inestable (pero predecible) de la misma forma que la rechazamos por interponerse en nuestro camino, entre nosotros y ese concepto abstracto que tiene un niño de libertad. Libertad para alejarse sin dañar a nadie, sin ser juzgado, sin ser reprochado... Pensar únicamente en tus pies por un momento, en lo lejos que serían capaces de llegar si el crecer y el vivir fuera una cosa que hacer en solitario. Llevar los ideales a un extremo, por qué no? Abrir los pulmones a otro aire, otro que no esté tan igual, tan encendido, tan lleno de nosotros.
Quitarnos esta sensación de que todo acaba de terminar y que a la vez no ha empezado, que volvemos una y otra vez sobre lo mismo, que es inútil ponerle distintas palabras, que a veces la manera más fácil de ayudar a los demás es dejar de pensar en ellos, dejar de actuar como crees que les gustaría que actuaras, pensar en ti mismo, preocuparte por no quedar demasiado encerrado en conflictos que no son tuyos, preocuparte por soñar, soñar tan fuerte que se rompa la realidad...

viernes, 26 de abril de 2013

Metamorfosis

A veces parece que se me escapa el tiempo entre las manos. Que cada vez son más las arrugas del reloj, cada vez son más los besos dados y los días vividos. Miro cosas que creía cercanas y me doy cuenta, por la claridad con la que las veo ahora, de todo el viento que ha soplado desde entonces. De todas las hojas que han caído, de todo lo que yo misma he cambiado. Y no puedo evitar preguntarme cuál será nuestra velocidad de cambio, cuánto tardan las células en morir y ser sustituidas, cuánto tardan mis pensamientos en cambiar de dirección, mis metas en transformarse. Pasa el tiempo y seguimos corriendo por un camino que varía a cada paso que damos... ¿o acaso somos nosotros los que cambiamos a cada paso?

lunes, 18 de marzo de 2013

Tiembla la habitación con música demasiado familiar para ser percibida. No sé cómo lo haces pero siempre consigues ponerme la piel de gallina con cada cosa que cuentas. No, da igual, aunque no contaras nada también temblaría la habitación, también temblaría yo. No sé para qué tantas palabras. Poesía, sal, todo, tus ojos. Estoy dispuesta a averiguar su color, el de tu despertador. Ir a tu cama a deshacerla y leer poesía. Siempre, poesía. Y apartar con caricias las flores secas que escondes entre las hojas de todos tus libros. Poesía, con esa inconsciencia con la que actúo cuando estás conmigo. Porque a veces se rompe el tiempo y todo cobra sentido. El viernes, sábado, la siesta, los puentes, todo deja de tener importancia. Se despiertan las letras, los sueños, la tinta, tú, yo, el papel en blanco y la incoherencia de las palabras con las que lo lleno. Tú, yo, sin tiempo. Tú, yo, sin escuchar nada que no sea el pasar de las hojas. Yo. Y la poesía, contigo.